TAMBIÉN DE ESTE LADO HAY SUEÑOS- JC KEOMA
- 09 de febrer del 2026
TAMBIÉN DE ESTE LADO HAY SUEÑOS
La culpa es de los niños que juegan a la pelota en el patio del colegio y de las alérgias de primavera que cada vez son más tempranas, pero mía, seguro que no.
La romantización de la clase obrera es muy guay, porque la rodea una cultura muy guay, canciones muy guays, pelis muy guays y una historia muy guay, y los progres guays, se mimetizan en eso y se hacen los líderes de la izquierda, porque llevan en las universidades o en los parlamentos pines de Palestina y ropa de unonueveocho, que está muy guay.
Hoy las culpas no hay que repartirlas sino que hay que buscar soluciones dicen, sin darse cuenta que probablemente una de las soluciones sea entender de una vez que a la clase obrera no la representan sus canciones, ni sus pelis, ni sus pines, ni sus ropas, sino su gente, sus vidas, sus sueños y los derechos que pelea.
Una gente, unas vidas, unos sueños y una pelea que están muy lejos de la mayoría de líderes de la izquierda que dicen representarla.
Dar lecciones de izquierdas desde una tribuna es muy alentador, pero no es tan creíble cuando no se sabe el frío que hace una mañana trabajando en el campo, lo que duele la espalda cuando se da de mano en la obra, las ampollas que hay que curar cuando se está en un comedor o detrás de una barra de un bar o las pastillas que hay que tomarse después de limpiar las habitaciones de un gran hotel.
La gente sobrevivimos a duras penas, tenemos lo justo para pagar nuestra casa, nuestra cesta de la compra, nuestras facturas de luz, agua, etc. Hacemos encaje de bolillos para poder conciliar la vida familiar, por eso, cuando se consigue una mejora en las condiciones laborales o en el salario mínimo, por poco que sea es un pasito más, porque es cierto que treinta euros es poca cosa, algo que desde la comodidad de cierto sector izquierdista se critica como una traición, pero treinta euros más en el sueldo también puede significar poder cambiar los nuggets ultraprocesados por carne o pescado de verdad.
Por eso, después de otro fracaso electoral convendría que la izquierda escuche de una vez a la gente que representa, que pide unidad, ya no para hacer la revolución social, ya simplemente para, al menos, no perder los derechos que ahora se disfrutan porque cuando las derechas tengan el poder, que lo tendrán muy pronto y esto no es un asustaviejas, esos líderes de izquierdas seguirán sus vidas cómodas viviendo de lo público sin que esa pérdida de derechos les afecte, pero a la clase trabajadora, que vive al otro lado del muro, no habrá quien la levante de su suelo y el escenario para volver a levantarse ya pesará mucho sobre sus espaldas.
Reflexionen, hagan autocrítica y que asuma responsabilidades quien tenga que hacerlo.
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